EL PRESIDENTE PUEDE TRAER LA PAZ PARA VIEQUES, QUIÉRALO O NO EL CONGRESO

por Flavio Cumpiano* 05/25/00

HomeHistoryNavy History


Jeffrey Farrow, copresidente del llamado "Grupo Interagencial de Puerto Rico en la Casa Blanca", dijo recientemente que no hay diferencia entre una directriz presidencial (como las que emitió el Presidente Clinton en torno a Vieques el 31 de enero) y una orden ejecutiva. También dijo Farrow que el Presidente no puede ordenar que no se tire una bomba más en Vieques sin el aval del Congreso. El señor Farrow sabe, o debe saber, que dichas aseveraciones son falsas.

Una directriz presidencial no es lo mismo ni tiene el mismo peso que una orden ejecutiva. La directriz presidencial es básicamente un memorando del Presidente a una o más agencias del Ejecutivo. Casi todas comienzan con "I hereby direct the following..." En el caso de las directrices presidenciales sobre Vieques, Clinton simplemente le ordenó a la Oficina federal de Presupuesto y Gerencia y al Departamento de Defensa que acudan al Congreso y le soliciten lo que se menciona en las directrices (la asignación de los $40 millones de dólares, la transferencia de ciertas tierras al oeste de Vieques, etc.). El Congreso tiene la potestad de aprobar, modificar o rechazar esa solicitud por parte de dichas agencias federales. Y con la mera solicitud al Congreso formulada por las agencias por instrucciones de Clinton, la Casa Blanca y la Fortaleza consideran que el Presidente habría "cumplido su compromiso", independientemente de la actuación que pueda tomar el Congreso.

Aunque el nombre no hace la cosa, quizás una manera de hacerles ver su error a aquellos que pretenden equiparar la directriz presidencial con la orden ejecutiva es la siguiente. Las llamadas "directrices presidenciales", o "Presidential Directives" en inglés, han tenido distintos nombres bajo distintos Presidentes. Se les llamaba "National Security Action Memoranda" bajo Kennedy y Johnson, "National Security Decision Directives" bajo Reagan, "National Security Decision Memoranda" bajo Nixon y Ford y "National Security Directives" bajo Bush. Es bajo el Presidente Clinton que por vez primera se le llaman "Presidential Directives" a estos memorandos. El cambio de nombre no alteró su esencia.

Por otro lado, la orden ejecutiva, o "Executive Order" en inglés, es un mandato con la fuerza coercitiva del poder presidencial. La orden ejecutiva, a diferencia de la directriz presidencial, no solo tiene fuerza de ley, sino que no necesita aval o aprobación previa por parte del Congreso. Su poder es tan superior al de una directriz presidencial, que incluso ha sido críticado por algunos observadores que consideran que el mecanismo de la orden ejecutiva le confiere demasiado poder al Presidente. Aun así, la validez constitucional de la orden ejecutiva nunca ha sido impugnada exitosamente. Su base constitucional emana del Artículo II de la Constitución de los Estados Unidos, el cual confiere al Presidente "poder ejecutivo" y dispone que el Primer Ejecutivo debe velar por el fiel cumplimiento de las leyes. De ese lenguaje, y de los llamados "poderes implícitos" del Presidente, emana el poder del Primer Ejecutivo para emitir órdenes ejecutivas.

Si esta distinción entre los poderes del Presidente para emitir órdenes ejecutivas y los del Congreso para legislar es algo confusa, ello es consecuencia natural del sistema de balance de poderes entre las ramas de gobierno. Ese choque o fricción jurisdiccional no es provincia exclusiva de la rama ejecutiva y la legislativa. A manera de ejemplo, para ilustrar la fricción entre la rama legislativa y la judicial, pensemos en aquellas ocasiones en que se le acusa a un juez o a un tribunal de "legislar judicialmente", cuando su dictamen se asemeja más a una legislación que a la resolución de un caso y controversia aplicando el derecho vigente a los hechos del caso. Esas acusaciones surgen precisamente porque en el sistema de pesos y contrapesos la delimitación constitucional de funciones de las ramas de gobierno no es una ciencia perfecta y, en última instancia, su éxito depende de la deferencia, respeto y autolimitación ejercida por los seres humanos que componen dichas instituciones en un momento dado.

Irrespectivamente de las delimitaciones de los poderes constitucionales de las tres ramas de gobierno, lo que es meridianamente claro es el poder del Ejecutivo para emitir órdenes ejecutivas. ¿Qué el Presidente no debe emitir órdenes ejecutivas en circunstancias en donde el Congreso es quien debe legislar? Sin duda. Pero si hay un área en donde el ejercicio de este poder del Presidente y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas es indiscutible es precisamente en lo militar.

El Congreso tendrá poder constitucional para asignar fondos y mantener las Fuerzas Armadas. Pero es el Presidente el que tiene el poder constitucional para ordenar el cese inmediato y permanente de los bombardeos. Así lo hizo el Presidente Ford con relación a Culebra, a través de la Orden Ejecutiva Núm. 11886 del 17 de octubre de 1975. El Presidente Clinton no lo ha hecho con relación a Vieques, no porque no ha podido (como dice Farrow), sino porque simplemente no ha querido.

¿Necesitó Clinton de aval congresional para ordenar la paralización de bombardeos en Vieques en abril de 1999 y para ordenar la reanudación de los bombardeos en mayo del 2000? No. Como no le convenía, Farrow nunca argumentó eso y, como argumentar eso no pasa la prueba de la risa, ni siquiera Senadores como Warner e Inhofe lo hicieron.

Pero, como venimos denunciando hace ya casi un año, a pesar de que pudo haber traído la paz para Vieques a través de una orden ejecutiva, la estrategia de Clinton y Rosselló siempre fue que Clinton emitiese una directriz pasándole la papa caliente de Vieques al Congreso Republicano en un año eleccionario. Eso fue lo que ocurrió. Por ello ahora Jeffrey Farrow, cocausante de tantas penurias del pueblo viequense, dice que una directriz presidencial es lo mismo que una orden ejecutiva y que el Presidente no puede ordenar que no se tire una bomba más en Vieques sin el aval del Congreso.

Cuando pronto veamos el destino final de las directrices presidenciales sobre Vieques ante el Congreso, no perdamos de perspectiva que aún nos quedan más de seis (6) meses para lograr que este Presidente y Comandante en Jefe ordene el cese inmediato y permanente de todas las actividades bélicas de la Marina en Vieques, sin necesidad de aval congresional.

*El autor es abogado, y representa en Washington, DC al Comité Pro Rescate y Desarrollo de Vieques.

Back to Top