 | | Frente a una cruz con el nombre de su
hija Minerva, quien murió de cáncer,
don Jesús Bermúdez se le hizo
imposible contener el llanto tras
enterarse de que una jueza rehusó
detener maniobras. (Xavier Araujo/El
Nuevo Día) 04/26/01
| Hacen 20 años (1979) que P.R. y Vieques se unieron, en terrenos restringidos, para
protestar por la presencia de la Marina en Vieques. En aquella ocasión la
Marina eligió arrestar solamente a 21 personas las cuales fueron seleccionadas entre
el gran grupo de manifestantes. La selección la hizo un viequense que trabajaba
para la Marina. De lo alto de una colina apuntaba a la gente que los militares
arrestaban abajo en la playa. Jesús Bermúdez y su hija, Minerva, eran
parte del grupo que se encontraba en esas playas. Minerva fue diagnosticada de
cáncer a los 23 años y murió tres años después. El señor Bermúdez, residente
del Barrio Destino de Vieques, escribió este poema sobre lo que aconteció
aquel día de protesta en los terrenos restringidos.
19 de Mayo
Por Jesús Bermúdez
Temprano al amanecer
un 19 de mayo
partí raudo como un rayo
a mis deberes atender,
no me quería perder
aquel acontecimiento
ni de perder el momento
de poderlo disfrutar,
cuando fuimos a luchar
más allá del campamento.
Llegué al puerto de Esperanza
donde todo era bullicio
porque ya había dado inicio
para montar en la lancha
y mirando a lontananza
de aquel mar embravecido
abordé ya decidido
con mi hija aquella lancha
que me alejó de la Esperanza
a completar lo emprendido.
Atrás dejaba a los míos
llenos de angustia y de pena
porque una de las nenas
me acompañó en el navío.
Aquel día estaba frío
cómo poderlo olvidar
si con las olas del mar
se excitaba el alma mía
y así mi hija reía
sin poderlo remediar.
Lluvia y viento desde el Este
nos azotaba en la cara
pero jamás se cambiaba
el rumbo de aquella gente,
la mirada estaba al frente
el corazón palpitaba
y a lo lejos divisaba
el arenal que una vez
en mis años de niñez
un cocal se levantaba.
Ya llegamos a la orilla
adelante compañeros,
saquen todos los aperos
y montemos nuestra villa.
Hoy el sol casi no brilla,
quizás esté abochornado
al ver que a nuestro lado
un viequense nos miraba
y luego nos señalaba
escondiendo bien su rabo.
Y así la misión siguió
en el arenal sin prisa
y comenzamos una misa
que de pronto se rompió
por allí se apareció
un mestizo mexicano,
queriendo ser americano
pero no lo demostró,
eso sí, nos enseñó
que siempre será marrano.
Y comenzó la barbarie
de aquella tropa marina
y nos cayeron encima
como no lo cree nadie.
¿Por qué no dejar que rabie
si viví aquellos momentos
y contemplé los tormentos
de aquella brutalidad
al pegarnos sin piedad
sin oir nuestros lamentos?!
Ayes de dolor, qué importa eso,
pensaría aquel mestizo
mientras tiraba por el piso
las pertenencias del preso.
Pero allá hay otro suceso
bien difícil de creer
y es que a Doña Isabel
una gringa regordeta
encima se le enjorqueta
para hacerla obedecer.
Arriba los pescadores
nunca seremos vencidos
y seguiremos unidos
y seremos vencedores
Vieques nos da los valores
para luchar con tezón
y como tenemos razón
en la lucha que llevamos
no podrá un americano
quitarnos el corazón.
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